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El Enfriamiento Global
Por Reverendo Miguel A. Morales |
Muy amados en el Señor, mucho se ha hablado del calentamiento global, y de las consecuencias apocalípticas que ha de traer sobre el clima y la vida sobre la tierra. Pero una señal de la Segunda Venida del Señor Jesús a la tierra, lo será el enfriamiento global, no de la tierra, sino de los corazones. Preguntado Jesús sobre las señales previas a su venida, habló de guerras y de rumores de guerras, pero ello en sí, no era señal del fin de los tiempos. Se levantarán nación contra nación, y reino contra reino, y aun así, ese no sería el fin. Habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares, y todo esto será principio de dolores. Entonces, justo antes del fin, “os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” De todas esas calamidades previas al fin, la que más perturba es que el amor de muchos se enfriará. Llegará el día en que la sensibilidad de los del pueblo de Dios se enfriará. Algunos inclusive lo verán como una virtud, que perdamos la capacidad de experimentar compasión.
Hay facultades en la vida, que de no usarse, se pierden, y ello incluye a las emocionales y a las espirituales, al igual que como en el cuerpo. Como ejemplo, un ser humano cuando sufre un derrame cerebral, la parte del cuerpo que pierde comunicación, pierde sensibilidad. Un brazo, o una pierna, en perfectas condiciones, pierden su capacidad motora cuando se desconecta del cerebro. Entonces, poco a poco, pierde masa muscular, y poco a poco se deteriora su capacidad de accionar. La solución es que otra parte del cerebro ocupe esa señal vital, para darle tono a los músculos. La parte del cuerpo que se deje de usar, ha de perder capacidad, y vitalidad. Está perfectamente creada por Dios para accionar, pero al desconectarse, se va secando.
Emocionalmente, hay personas que para evitar sufrir, se han desconectado de lo que ocurre a su alrededor. Se han hecho insensibles al dolor que les rodea. Han aprendido a no inmiscuirse, a no envolverse. Es más, lo enseñan como una virtud, y como un deber. Las grandes metrópolis son las más heridas con este enfriamiento global. Una película recientemente lo expuso señalando que en las grandes urbes, una persona que muere en el tren puede pasar desapercibida por la multitud por hasta 24 horas. A nadie le importa, y nadie se inmiscuye.
Trágicamente, los afanes de este siglo han hecho que más de un creyente se enfríe y se desconecte. Su capacidad para discernir entre lo bueno y lo malo, se ha atrofiado. La capacidad de discernir la voluntad de Dios se ha perdido. El vigor espiritual se ha secado, por la falta de la oración, y por la falta del alimento espiritual. Un derrame de mundanalidad ha cortado la comunicación con el cielo. Un ser creado para vivir en amor, y en comunicación con Dios, yace cual hierba seca entre sus congéneres.
La solución de la British Pretroleum al problema del pozo fue llenarlo de fango y cemento. La táctica del infierno para acabar con nuestra vida espiritual es llenar nuestra vida de fango y mundanalidad. Pero hay otras cosas que también nos pueden separar del amor de Cristo, y ante lo cual muchos creyentes sucumben, como la hipocresía y otros pecados que cual levadura, lo infiltran todo, tapando los canales de comunicación y de vigor espiritual con el cielo.
El capítulo 12 de Lucas comienza advirtiéndonos sobre la hipocresía en los líderes religiosos. Se cuidaron tanto de tantas cosas, pero el diablo los cogió con la lengua. Jesús advierte: “Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed. ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.” No le tengas miedo a los que te amenazan. No le tengas miedo a los que se burlan de ti. Ante ellos, levántate con valor y fe. Mantén tu frente erguida. Pero sobre todo, no permitas que esas presiones te roben la fe. No permitas que esas presiones te roben tu sensibilidad cristiana. No permitas que esas presiones te roben tus valores cristianos. Que no te deformen, que no te cambien, que no te quiten el temor de Jehová.
Finalmente, el capítulo 12 continúa desarrollando el tema del amor a las riquezas, el afán y la ansiedad. Habla de las personas que son como el terreno de los espinos: “los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. “ Es el caso del que Dios mismo llama necio, porque por amor a lo temporal, dejo de amar a Dios. Así de necio es que destruye la relación filiar, la relación de hermandad, por unos pocos dineros. El dinero pronto termina, al igual que la vida aquí pronto termina, pero el alma continúa, y la hermandad también. Nunca pierdas lo mucho, por lo poco. No sacrifiques lo eterno, por lo temporal.
Mejor haz tesoro en el cielo, busca primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todo lo que Dios sabe que tú necesitas, Él lo proveerá. Porque Él es nuestro sustento, es nuestro proveedor. Que las presiones temporales no nos roben nuestra dignidad, ni nuestra integridad. Que lo material no haga sucumbir nuestra humanidad, ni nuestra espiritualidad. No seas como las ondas del mar que se mueven al son de los vientos. Resiste, pelea, lucha y vence en el nombre del Señor. Que nada ni nadie te robe de tu identidad espiritual, ni de su sensibilidad cristiana. Que nada te separe de los planes, ni de la bendición del Señor. Mejor digamos como el apóstol Pablo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Que así nos bendiga Dios.